El yoga y su filosofía.

El yoga es una disciplina integral. Su sabiduría nos permite conocer al Ser de manera completa. Entre su riqueza se encuentran diversas técnicas, caminos y enfoques que sirven a este propósito de unidad y plenitud. Tal riqueza, sin embargo, debe ser apreciada de manera adecuada para evitar caer en malentendidos:

Es común que a veces se pretenda tomar algunas de sus partes ignorando el resto, separar la parte física, del pensamiento o la espiritualidad y los sentimientos constituye un error común en la práctica.  Al hablar, por ejemplo, de “filosofía del yoga” como un elemento separado o accesorio, nos cierra las puertas a la comprensión integral que pretendemos.

Por lo general estamos enseñados a pensar de una manera, hablar de otra, y actuar de otra. El yoga nos enseña a evitar tales divisiones. Evitar el hecho de que de manera externa manifestemos algo pero nuestros pensamientos y sentimientos íntimos muestran otra cosa. 

Tenemos la tendencia a hacer esta división, departamentalizado el conocimiento decimos, esto es lo que hay que saber, esto es lo que se hace, y así a menudo puede uno escuchar: a mi sólo me interesa lo que se hace. Pero no sabemos que todo eso está íntimamente relacionado.

El yoga es una disciplina para el ser. Y el ser se expresa en lo que somos, en lo que hacemos y pensamos. De hecho es justamente esa coherencia y unión entre lo que se piensa, se habla y se hace, lo que se plantea como meta en el yoga.

De esta manera cuando vamos al yoga debemos comprender qué es eso llamado filosofía del yoga, por ejemplo. La filosofía del yoga es el esfuerzo por manifestar la integralidad de todas sus prácticas, permitiendo que el todo se exprese. Y esa parte de pensar, esa parte que tiene que ver con la semilla de las acciones, con el origen, debe integrarse, porque naturalmente lo está, con las acciones. 

Es así como en el Bhagavad Gita se habla del Buddhi Yoga, o la ciencia espiritual. En donde se anima a descubrir esa capacidad de activar de forma viva nuestra capacidad de conocer. Así, todos tenemos esa oportunidad de entendernos, de conocernos, de valorarnos, de saber qué papel ocupamos, en qué mundo vivimos, qué se espera de nosotros. Es la hermosa posibilidad de permitirnos hacer esas preguntas. 

Ahí está la gran capacidad del ser y la gran virtud del yoga. De manera tal que toda aproximación al yoga, sea de manera física, por la asanas, o por cualquier otro motivo, guarda detrás de sí la esencia del autoconocimiento, que no es otra cosa que asumir de forma real el deseo de estar bien y la responsabilidad del autocuidado. Y vemos entonces cómo trabajar el cuerpo físico ya es una oportunidad de repensar la dieta, de repensar cómo interactuamos, desde ahí ya es filosofía. Generando esos espacios de confrontación, introspección y silencio. 

Cuando la correcta realización del asana nos lleva a ese silencio magnífico logramos algo único y es el llamado a escucharnos a nosotros mismos. Puede ser un silencio incómodo, pero es muy útil. Así, podemos encontrar esa capacidad de permitirnos reflexionar sobre lo que estamos haciendo y sintiendo, nos está permitiendo ganar perspectiva sobre nosotros mismos, para contemplar y observar nuestra vida con el correcto desapego. Y así tras cada una de las técnicas debemos encontrar la maravillosa oportunidad de tener un contacto con la vida de forma más real, más completa y abierta, encontrando que la ley natural es la armonía. 

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